Los fantasmas del pasado son muchos, vuelven cuando los creías enterrados, cuando los creías resueltos, los fantasmas no siempre son malos, pero cuando lo son, no dejan en paz, y ahí es cuando tu tienes dos salidas, dos opciones, dos decisiones que cambian tu historia, puedes decidir vivir con ellas y dejar que trunquen tu futuro, que te enceguezcan, que te apaguen, que te maten lentamente ó puedes mirar el futuro que te espera, saber vivir con ese fantasma pero no dejar que influya, tomarlo como ejemplo para no cometer los mismos errores, para saber por qué razón luchas, qué es lo que te motiva, qué es lo que enciende tu motor diario. Los fantasmas pueden ser malos, pero tu ves si los escuchas, si los dejas entrar en tu mente y dejar que te controle.
Los sentimientos van acorde a lo que vives o lo que viviste, si eres muy alegre, si eres muy depresivo, si eres extrovertido o todo lo contrario, si sonríes porque te nace, o si sonríes por ocultar algo. Todo tiene un lazo que une tu actualidad y tu pasado. Si fuiste feliz en tu pasado, si encontraste que siempre tuviste una vida perfecta, tu futuro será de la misma manera... pero... ¿y si tu pasado no fue lo que hubieses esperado? ¿Puedes ser feliz en el futuro de todos modos? Dicen que los que sufrieron merecen ser felices... ¿Se puede lograr eso si creciste sin conocer lo que era una sonrisa franca? Yo creo que sí, tu vida, tu presente y tu futuro depende de ti, deja los fantasmas revolotear a tu alrededor, que mientras no los mires o les prestes atencion no podrán borrar la alegria de tu corazón ♥
sábado, 9 de octubre de 2010
domingo, 3 de octubre de 2010
Recuerdame como amar (FanFic)
Capítulo 1
Un día me quedé dormida sobre mi escritorio, estaba estudiando o eso intentaba, al otro día me desperté y tenía doctores a mí alrededor, me dolía la cabeza, todos me atendían y lloraban. Yo no entendía nada, pero no quise ni sentí la necesidad de decir algo. Cerré los ojos y me volví a dormir. Desperté y estaba en mi cuarto, sentí el olor de mis sabanas y no las sentía mías, miré mis cuadros, mis fotos, y no era como la chica que ahí salía. Me llevé una mano a la boca y mis ojos se llenaron de lágrimas. Mi graduación, mi familia, mis recuerdos no eran míos, alguien me quitó mi vida y desde ese momento me convertí en un alma en pena, sin pasado, sin futuro ni presente.
Mamá entra a mi cuarto con una bandeja con el desayuno. Escondiendo su pena con una sonrisa engañadora que por actuarla tanto da miedo. Me deja el desayuno en la cama y me acaricia el pelo y me pregunta como amanecí. Le quedo mirando con un dejo de desconfianza y asiento con la cabeza en señal de “bien”, miro la bandeja y no me apetece nada de ella. Mi madre que preocupada me mira por no probar nada de lo que me había traído me toma la mano diciéndome que era mi desayuno de siempre, huevos, jugo, leche y tostadas con dulce de leche. Esbozo una sonrisa apenada – Lo siento… no tengo apetito – Comenté y no dije nada más. Dejé la bandeja a un lado de mi cama y me vuelvo a tapar.
Aburrida de estar en mi cama sin hacer nada, me pongo ropa y salgo a pasear por el parque que se encontraba cerca de mi casa. Me siento en una banca y miro el paisaje, la laguna y a la gente que parecía estar más felices que nunca o quizás yo estaba más apagada que de costumbre. Mando un suspiro vacío y miro el sol quedando enceguecida con la luz que emanaba cuando unos gritos irrumpen mi momento – ¡¡La tengo, la tengo!! – Comenta un chico corriendo persiguiendo un balón de rugby que por estar tan atento a su buena recepción no se percata de la banca pasando de largo y dándose un fuerte golpe. Le miro y me llevo una mano a la boca - ¿Estás bien? – Parándome para ayudarle – Hubieras mirado hacia delante – Comenté bastante divertida la verdad por lo que le había sucedido al chico. Se sienta en el pasto y se soba la cabeza y el codo – Pero al menos tengo el balón – Medio sonríe mostrándome el balón. Me vuelvo a sentar en la banca al ver que estaba bien – Bien por ti – Mirándole de reojo pero siento que le conocía de alguna parte – ¿Nos conocemos de alguna parte nosotros? – Ladeando un poco la cabeza y frunciendo el ceño, el chico me mira intentando reconocerme – Creo que no… - Parándose y caminando hacia al frente mío – Pero también siento que te conozco… - Se lleva el dedo índice al mentón pero no logra recordar. En eso llega su amigo que me queda mirando impresionado – Dale Bruno que te estamos esperando con el balón – Sin dejar de mirarme su amigo. Corro la vista nerviosa por su amigo y miro a Bruno – ¿Así que Bruno es tu nombre? – Cruzándome de brazos y de piernas – Es bueno saber que yo sé algo de ti y tu no – Sonrío – De ahora en adelante procura no chocar con bancas así no te golpeas de nuevo – Me río y miro a su amigo que seguía mirándome – ¿Tengo algo en la cara? ¿Nos conocemos de algún lugar? – Arqueo una ceja y mirándole retadora, el chico despierta y mira a su amigo – Eh… no, no, no tienes nada solo que te pareces mucho a una amiga que tengo… ¿Cuál es tu nombre? – Me pregunta intrigado y traga saliva – Claro ahora no tendré la ventaja – Comenté divertida mirando a Bruno – Sofía, Sofía me llamo – Dejándome un mechón detrás de la oreja – ¿Y tu? Digo… quizás si me dices tu nombre pueda saber si nos conocemos de algún lugar – Me encojo de hombros y miro el lago pero vuelvo la mirada al amigo de Bruno rápidamente para escuchar su contestación. El chico me mira – Diego – Estirando su brazo para estrechar su mano con la mía y al estrechar ambas manos quedo mirándolas sin entender lo que me había pasado. Diego quita la mano fugazmente y me queda mirando – Yo… yo me tengo que ir – Mira a Bruno encogiéndose de hombros y se va trotando quien sabe en qué dirección. Miro a Bruno – Bastante extraño tu amigo… – Comento divertida volviendo a cruzarme de brazos – Es como si al verme hubiese visto a un fantasma – Me río – No estoy muerta ¿verdad? – Poniéndome seria. Bruno me mira y sonríe negando con la cabeza – Estás más viva que Diego y yo juntos – Sonríe mostrando su dentadura perfecta y sus ojos que se empequeñecen por lo mismo. Yo le quedo mirando y a pesar que podría haber quedado embobada, solamente ignoro su coqueteo hacia mi y evito cualquier tipo de roce que no tenga planeado – ¿Son muy amigos ustedes dos? – Le pregunto parándome para caminar un rato esperando que Bruno me siguiera. Me queda mirando – Y si, muy amigos siempre ha estado conmigo… o al menos eso me han contado… - Vaciló en su respuesta y me mira. Yo arrugo la nariz al escuchar su extraña contestación y le miro de reojo – Parece que lo conoces muy bien eh! – Comenté irónica y me río – ¿Por qué eso de “me han contado”? – Sigo caminando y el a mi lado. Bruno toma aire – Tuve un accidente hace unos meses atrás y perdí la memoria, entonces sé que Diego es mi amigo porque me contaron y porque ha estado conmigo en este proceso – Se encoje de hombros medio sonriente. Me llevo una mano al pecho ante su historia – Vaya… lo… lo siento mucho – Comenté guardando mi experiencia personal con esto de perdida de memoria – ¿Hace mucho fue? – Miro mis pies al caminar escuchándole. Bruno con sus manos en los bolsillos delanteros de su jeans y sus pasos serenos al caminar arruga un poco la nariz – Hace como 3 meses… - Me mira de reojo – ¿Por qué tanta intriga en mi, Sofía? – Haciéndose el interesante. Me río – Solo porque me pareció interesante tu historia, nada más – Niego con la cabeza y le miro de reojo cuando vuelve Diego corriendo – Amigo tenemos que irnos ¡Ya! – Dice tomándole del brazo y llevándoselo. Mira hacia atrás, Diego – Lo siento… tiene… visitas en casa… - Como si no supiera que era una excusa barata para poder llevárselo de ahí. Bruno sin entender nada le pide explicaciones a su amigo, pero éste omite comentarios sobre el tema. Se gira hacia mi – Me encantó conocerte Sofía, espero que nos veamos nuevamente, de momento llevas ventaja pero pronto estaremos iguales en cuanto a lo que sepamos de cada uno… - Se despide con la mano y se va todo el camino empujado por el amigo que no le dejó ni siquiera despedirse de mi. Miré como se iban y noté el que el sol ya caía y me tenía que ir a casa antes de que mamá se preocupara.
Comenzar de cero
No sé como tomar una mano, no sé como abrazar, no sé como sonreír, no sé como hacer para sentir mariposas volando en mi panza, no sé como sentir. Me siento como un cubo de hielo, pero no se si quiera como llegué a eso. Me siento en coma, me siento dormida, me siento apagada, me siento muerta, pero sólo tú puedes ayudarme a recordar como amar.
Un día me quedé dormida sobre mi escritorio, estaba estudiando o eso intentaba, al otro día me desperté y tenía doctores a mí alrededor, me dolía la cabeza, todos me atendían y lloraban. Yo no entendía nada, pero no quise ni sentí la necesidad de decir algo. Cerré los ojos y me volví a dormir. Desperté y estaba en mi cuarto, sentí el olor de mis sabanas y no las sentía mías, miré mis cuadros, mis fotos, y no era como la chica que ahí salía. Me llevé una mano a la boca y mis ojos se llenaron de lágrimas. Mi graduación, mi familia, mis recuerdos no eran míos, alguien me quitó mi vida y desde ese momento me convertí en un alma en pena, sin pasado, sin futuro ni presente.
Mamá entra a mi cuarto con una bandeja con el desayuno. Escondiendo su pena con una sonrisa engañadora que por actuarla tanto da miedo. Me deja el desayuno en la cama y me acaricia el pelo y me pregunta como amanecí. Le quedo mirando con un dejo de desconfianza y asiento con la cabeza en señal de “bien”, miro la bandeja y no me apetece nada de ella. Mi madre que preocupada me mira por no probar nada de lo que me había traído me toma la mano diciéndome que era mi desayuno de siempre, huevos, jugo, leche y tostadas con dulce de leche. Esbozo una sonrisa apenada – Lo siento… no tengo apetito – Comenté y no dije nada más. Dejé la bandeja a un lado de mi cama y me vuelvo a tapar.
Aburrida de estar en mi cama sin hacer nada, me pongo ropa y salgo a pasear por el parque que se encontraba cerca de mi casa. Me siento en una banca y miro el paisaje, la laguna y a la gente que parecía estar más felices que nunca o quizás yo estaba más apagada que de costumbre. Mando un suspiro vacío y miro el sol quedando enceguecida con la luz que emanaba cuando unos gritos irrumpen mi momento – ¡¡La tengo, la tengo!! – Comenta un chico corriendo persiguiendo un balón de rugby que por estar tan atento a su buena recepción no se percata de la banca pasando de largo y dándose un fuerte golpe. Le miro y me llevo una mano a la boca - ¿Estás bien? – Parándome para ayudarle – Hubieras mirado hacia delante – Comenté bastante divertida la verdad por lo que le había sucedido al chico. Se sienta en el pasto y se soba la cabeza y el codo – Pero al menos tengo el balón – Medio sonríe mostrándome el balón. Me vuelvo a sentar en la banca al ver que estaba bien – Bien por ti – Mirándole de reojo pero siento que le conocía de alguna parte – ¿Nos conocemos de alguna parte nosotros? – Ladeando un poco la cabeza y frunciendo el ceño, el chico me mira intentando reconocerme – Creo que no… - Parándose y caminando hacia al frente mío – Pero también siento que te conozco… - Se lleva el dedo índice al mentón pero no logra recordar. En eso llega su amigo que me queda mirando impresionado – Dale Bruno que te estamos esperando con el balón – Sin dejar de mirarme su amigo. Corro la vista nerviosa por su amigo y miro a Bruno – ¿Así que Bruno es tu nombre? – Cruzándome de brazos y de piernas – Es bueno saber que yo sé algo de ti y tu no – Sonrío – De ahora en adelante procura no chocar con bancas así no te golpeas de nuevo – Me río y miro a su amigo que seguía mirándome – ¿Tengo algo en la cara? ¿Nos conocemos de algún lugar? – Arqueo una ceja y mirándole retadora, el chico despierta y mira a su amigo – Eh… no, no, no tienes nada solo que te pareces mucho a una amiga que tengo… ¿Cuál es tu nombre? – Me pregunta intrigado y traga saliva – Claro ahora no tendré la ventaja – Comenté divertida mirando a Bruno – Sofía, Sofía me llamo – Dejándome un mechón detrás de la oreja – ¿Y tu? Digo… quizás si me dices tu nombre pueda saber si nos conocemos de algún lugar – Me encojo de hombros y miro el lago pero vuelvo la mirada al amigo de Bruno rápidamente para escuchar su contestación. El chico me mira – Diego – Estirando su brazo para estrechar su mano con la mía y al estrechar ambas manos quedo mirándolas sin entender lo que me había pasado. Diego quita la mano fugazmente y me queda mirando – Yo… yo me tengo que ir – Mira a Bruno encogiéndose de hombros y se va trotando quien sabe en qué dirección. Miro a Bruno – Bastante extraño tu amigo… – Comento divertida volviendo a cruzarme de brazos – Es como si al verme hubiese visto a un fantasma – Me río – No estoy muerta ¿verdad? – Poniéndome seria. Bruno me mira y sonríe negando con la cabeza – Estás más viva que Diego y yo juntos – Sonríe mostrando su dentadura perfecta y sus ojos que se empequeñecen por lo mismo. Yo le quedo mirando y a pesar que podría haber quedado embobada, solamente ignoro su coqueteo hacia mi y evito cualquier tipo de roce que no tenga planeado – ¿Son muy amigos ustedes dos? – Le pregunto parándome para caminar un rato esperando que Bruno me siguiera. Me queda mirando – Y si, muy amigos siempre ha estado conmigo… o al menos eso me han contado… - Vaciló en su respuesta y me mira. Yo arrugo la nariz al escuchar su extraña contestación y le miro de reojo – Parece que lo conoces muy bien eh! – Comenté irónica y me río – ¿Por qué eso de “me han contado”? – Sigo caminando y el a mi lado. Bruno toma aire – Tuve un accidente hace unos meses atrás y perdí la memoria, entonces sé que Diego es mi amigo porque me contaron y porque ha estado conmigo en este proceso – Se encoje de hombros medio sonriente. Me llevo una mano al pecho ante su historia – Vaya… lo… lo siento mucho – Comenté guardando mi experiencia personal con esto de perdida de memoria – ¿Hace mucho fue? – Miro mis pies al caminar escuchándole. Bruno con sus manos en los bolsillos delanteros de su jeans y sus pasos serenos al caminar arruga un poco la nariz – Hace como 3 meses… - Me mira de reojo – ¿Por qué tanta intriga en mi, Sofía? – Haciéndose el interesante. Me río – Solo porque me pareció interesante tu historia, nada más – Niego con la cabeza y le miro de reojo cuando vuelve Diego corriendo – Amigo tenemos que irnos ¡Ya! – Dice tomándole del brazo y llevándoselo. Mira hacia atrás, Diego – Lo siento… tiene… visitas en casa… - Como si no supiera que era una excusa barata para poder llevárselo de ahí. Bruno sin entender nada le pide explicaciones a su amigo, pero éste omite comentarios sobre el tema. Se gira hacia mi – Me encantó conocerte Sofía, espero que nos veamos nuevamente, de momento llevas ventaja pero pronto estaremos iguales en cuanto a lo que sepamos de cada uno… - Se despide con la mano y se va todo el camino empujado por el amigo que no le dejó ni siquiera despedirse de mi. Miré como se iban y noté el que el sol ya caía y me tenía que ir a casa antes de que mamá se preocupara.
Sin saberlo, sin pensarlo, sin sentirlo ese día fue el inicio de mi búsqueda del tesoro, de MI tesoro, de mi tesoro… ese que… contiene toda mi vida, ese tesoro que contiene mi esencia, el tesoro que debo encontrar para poder liberarme del cuerpo que no me deja ser yo misma… Bruno… nunca más olvidaré ese nombre aunque mi mente así lo quiera…
Suscribirse a:
Entradas (Atom)